JOSEFA ABELLÁ
Prohibido cruzar el borde de los sueños

Escribí cada poema en momentos en que en él me iba la vida, aunque sin expectativas, sin deseos ulteriores y sin mandatos. Cada vez con ese sentimiento de que era lo único que podía hacer. Y con el devenir del tiempo y su relectura, sentí que en ellos hubo tres momentos de cambio o redireccionamiento o de modificación del ángulo de la mirada en que me había enrolado. Así comprendí: había gestado tres obras muy distintas una de otra. Son los tres opúsculos del libro.

* los seis peldaños de la consumación
*tiempos de espera
* cuarto menguante

El primero alude a los tiempos difíciles de reconocimiento del terreno de las experiencias de vida.

El segundo es mi caminata hecha de idas y regresos por calles sin salida y por inventados senderos que me parecieron  tan extensos y tortuosos, tiempos en que tanto deseaba maduren los soles pergeñados o entrevistos.

El tercero habla de lo en que finalmente me convertí de tanto laborar en el mismo surco.

Los tres dan cuenta de lo que hice y de lo que soy. Por eso lo llamé antología poética.

En simultánea, pintaba y erosionaba mis tablas, construyendo lo que luego llamaría xilopinturas. Ellas están hechas de no escultura, no pintura. Ellas son el taco que un grabador desecharía, defienden con su cuerpo la materia plástica e ideativa de mi creación. Constituyen una larga serie bajo el nombre Con las huellas bajo la piel.

Comienzo mi libro con un pequeño texto a modo de prefacio y elijo el título porque sigo creyendo que a cada instante la vida nos incita a despertar.

Fue inevitable encontrar la editorial que diera satisfacción a mis deseos todos, y la hallé en La Luna Que.

Prohibido cruzar el borde de los sueños salió a la luz en el ámbito de la Biblioteca Nacional en un acto en el que acompañaron las palabras del escritor Ricardo Rubio, el poeta Ricardo Carballo y el pintor Eugenio Monferran.